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Viernes, 12 Agosto 2016 00:57

Herón Martínez y los árboles de la vida

Que nos dotaron de imágenes hermosas...

Acatlán de Osorio, pueblo enclavado en la región Mixteca, la famosa Perla; fue cuna de un hombre sencillo, alfarero, que creó y fundó una escuela ceramista que se hizo y sigue siendo famosa en México y muchas partes del planeta. Son sus trabajos de barro y arcilla, dignas piezas de Museo, y que como tal están ahí, en el de la muy bondadosa filántropa Dolores Olmedo, mujer que siempre creyó en el talento de sus compatriotas. Herón Martínez, el alfarero a la fuerza, que no quería seguir metido en ese ambiente familiar, sus sueños eran otros, que irónicamente alcanzo con los mismos, y con ellos llego a la cumbre de su ingenio.

Este ceramista, que tiene un papel preponderante en lo que llaman Arte Popular, y no de manera despectiva, ya que es una forma de vida, y que en México tiene miles de años, como en todo el mundo; pero que aquí el estilo, las formas y lo onírico se mantiene unido a esos ingenios, formando una idiosincrasia que es llamativo para otras sociedades. Y con Martínez se ve a la primera de cambio, que como todo buen artista, tuvo a su lado una excepcional mujer, Olivia es el nombre, que indirectamente fue la que propicio que el Maestro volviera por sus pasos y se integrara de nuevo a los talleres de la Familia.

Los sueños, como los de Pedro Linares, juegan un papel fundamental, son la materia que amarra y también son el puente de los dos mundos donde creció y vivió don Herón; hizo de su inspiración un campo fecundo, fértil de emociones. La aparente religiosidad que cubren sus bosques, fueron más, una casualidad familiar, y que supo explotar en diferentes retablos de barro. Y todos estos tienen la delicadeza de doña Olivia, que con sus pinceles, retoco cada hoja, cada animal y personaje bíblico.

Los grandes artistas tienen sus ciclos, adentro de su quehacer, como afuera en su existencia. De Don Herón, fueron dos los periodos en que lo encasillan, tenemos esa manía por clasificar todo, por hacer listas de gustos y de subdividirlos; pero dicen que así se entienden las cosas y luego hacemos costumbre de ello. De los que este manipulador de tierra tuvo, son, el que consideran Blanco, por ser el fondo, la base de sus árboles, macetas y candelabros y aquí, entra de nuevo la paciencia de sus señora esposa, que supo elegir los colores idóneos y así hacer de ese fondo, una cuestión de pureza.

La otra etapa es lo opuesto, magnificada por los descubrimientos arqueológicos, que se dieron en esa zona y en esos años, dotándolo de nuevos temas para su inspiración, con ello, el Bruñido, fue la otra base, ese sedimento oscuro rojizo, que fue bañando las obras, dándoles otro aspecto frugal, lleno de nutrientes fantasmagóricos. Y estando en esa línea de limpieza pulida, empezaron a salir los dioses ocultos, esos que cantaron los Caifanes; poblaron las escenas de ese Chicomoztoc perdido y que en algunos casos, seguimos desesperados por encontrar el camino a las cuevas, refugiando nuestros miedos y traumas...

 

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza.