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Lunes, 12 Octubre 2015 00:00

Desde Bielorrusia con amor, el Nobel de Literatura

Publicado por en Poesia
La Bielorrusia Svetlana Alexiévich es una talentosa escritora que sabe dejar fluir las letras, para que se vuelvan una marca indeleble de la verdad...
Las connotaciones de una guerra que nunca existió, pero que siempre permeo sobre toda la humanidad, un conflicto que no ha desaparecido, una tensión que más que haberse calmado solo tuvo un receso, para cargar baterías y colocar el nuevo tablero; ese nuevo orden mundial que declamo un presidente yanqui. Las consecuencias que trajo ese enfrentamiento descaradamente invisible, irónicamente de paz, fueron terribles para gran parte del planeta; todos desarrollaron fobias y traumas, por debajo de una aparente calma. Dichas repercusiones alertaron a algunos seres pensantes, les dio material para denunciar el suicidio colectivo de las mentes, la represión fue presentada con rostro y nombre.
 
 
Y tuvo como escenario una región que dio pie a que el homínido formara sus primeras clases de civilizaciones, una zona tildada como Medio Oriente, esa tierra que no es ni Europa o Asia, pareciera que sufre un problema de identidad, pero eso a los ojos de quienes observamos cierto misterio y misticismo de una, aparente, tierra árida, llena de montañas, de terrenos escarpados, donde la sobrevivencia no es fácil. La modernidad se presenta en forma de armas, reactores y edificios abandonados, e inverosímilmente son estas viejas estructuras las que cargan con la locura, con la culpa desgarradora de malas decisiones de personas que representan a un bloque que se decía ya era una leyenda.
 
 
Pero son los dos lados, los que cometieron la tragedia, las que luego fueron material para escribir y es ahí, desafortunadamente, en el seno de la destrucción, donde nace la portavoz de las almas idas; Svetlana Alexiévich una soviética de nacimiento, aunque los genes digan lo contrario, ya que es en el imperio donde ella ve la luz, pero que por su sangre nadan moléculas de vecinos incomodos, estados propios, que el gigantesco oso pensaba, era su patio de juegos. Ucrania el sitio físico y Bielorrusia su verdadera cuna, e irónicamente su padre fue parte de la cortina de hierro; mas eso no fue impedimento para que Svetlana escribiera de la fusión fugitiva, de las sombras impresas en los pisos y paredes; no por eso dejo de denunciar por la muerte de miles de afganos y de sus propios compatriotas, que como un clon de Vietnam, el fuerte fue debilitado por tribus y gente que parecía no sabía de armas o siquiera de tecnología básica.
 
Afortunadamente Svetlana tuvo los arrojos para describir esa parte que pocos conocemos, ya que también se necesitaba esa pluma, crítica mordaz de su parcialidad, ya que como sabemos, en todos los rincones hay pequeños emuladores de las antiguas civilizaciones que sometían a sangre, fuego, hierro y religión. Por eso celebramos que la señora Svetlana Alexiévich sea la Nobel de Literatura 2015, porque entre más alternativas tengamos es mejor; y no importa que todo al final es un sutil instrumento para atacar a tu rival; esto nos hace aprender, nos hace no ser confiados y simplemente leamos cabronas y cabrones, porque es ahí donde radica el ser cabrón…
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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza.