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Jueves, 20 Agosto 2015 00:00

Feliz cumple horroroso amigo Lovecraft

Publicado por en Poesia

20 de agosto una fecha especial...

Donde quedo ese miedo primigenio, que asustaba con solo acercarse la noche; las nuevas generaciones no tienen ese precepto, sus escudos están representados por las nuevas tecnologías y en ellos esconden sus temblores, sus ansias, celos, envidias, defectos, tumores en el alma, sus alegrías ficticias y los instintos animales que todavía poseemos, aunque lo neguemos. Nos aferramos a ser esos que tienen raciocinio, esos que piensan, que se esfuman entre sus nuevas drogas electrónicas, ya no hay elementos artesanales, todo te lo hacen, todo es fast, todo es para llevar, hasta los pinches miedos.

Howard Phillips Lovecraft difería de esto, prefería meterte la angustia de recordarte que eres humano y en ello va encerrado la genética de miles años, no era necesario ser muy visual, muy gráfico, todo emanaba de las letras, de la imaginación desbocada, no como ahora que ahorramos hasta eso, nos perdemos frases, ideas y planes con tal de no forzar al cerebro y no quebrarnos las neuronas  para crear nuevas líneas, nuevos argumentos, no importando que se tomen trazos de aquí y de allá, con pegostes vamos armando las nuevas historias, o cuando menos reciclemos inteligentemente las que ya nos contaron, pero agreguemos una nueva argamasa técnica y asustemos a los que viven en sus chozas, escondiéndose de sí mismos, por miedo a vivir.

El necronomicon nos llevó por las montañas de la locura, desafiándonos como raza, nos olvidamos de ser civilizados, no tiene caso, cuando no hay escapatoria, tenemos que desgarrar las vestiduras y mostrar, no el cuerpo, debemos mostrar el alma, mostrar la desnudez de la esencia, del espíritu rebelde y así enterarnos que somos un experimento de nosotros mismos, de lo que nos hace, nos crea, nos maldice.

Howard debió de vivir más de cien años, todavía sobrevive, a pesar de sus suplicas, de sus gritos y traumas. Vive en cada uno, desafiando su propia misantropía, engrandeciendo sus pecados, enalteciendo a sus congéneres de época. Llevando el ritmo de los sabbats ingleses que tras las cortinas veían como el tiempo se diluía en sus tramas, acuñando el famoso nuevo orden mundial, ese que sus primos del otro charco han sabido glorificar.

Phillips estará en nuestras mentes con un libro de cuero humano, con palabras bañadas de sangre, pero más de gritos mudos, cuando lees, cuando crees que ha pasado el tiempo para ser alguien y volteas a ver tu pasado, no el físico, sino el de las ilusiones idas, de los sueños no cumplidos, pero aun así eres feliz, a tu manera, porque así debe de ser, según los cánones, las leyes e instituciones; ojala algún día venzas y sepas manejar el miedo de querer, de anhelar, sin importar que tan salvaje sean las medidas que tengas que adoptar para quitar la costra.

Lovecraft no escribía, pintaba las retículas de todos los deseos íntimos, llevaba los lienzos de cada pensamiento, de esos que tienes cuando ves a la vecina, o cuando te imaginas que eres el héroe y te sientas en el sillón sintiéndote que eres la mejor y no sabes que solo perteneces a una horda devastadora y eso que te hace sentir especial, solo es lo que no eres, así de simple.

125 años de H. P. Lovecraft no se concretaron físicamente, pero si en la inmortalidad de las novelas, de las obras imperecederas, en teoría, porque vendrán los otros, los que consumen y aplastan, dejando el piso lleno de envolturas, de basura y quizás las hojas de los libros ya no se vean, las pantallas se quebraran en miles de pedazos de vidrios, de fibra o de lo que chingada madre estén hechos; pero creo (y espero) que el nombre resuene más allá de los eones...

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza.