Viernes, 14 Diciembre 2018 21:29

La irónica pluma de Boris Izaguirre.

el invidente zurdo Escrito por  en Literatura
La irónica pluma de Boris Izaguirre.

El escritor Boris Izaguirre explica que en algún momento la comunidad gay no lo entendió y fue tildado de cliché. Izaguirre piensa que hay cosas que en realidad son frívolas, como el brexit y el avance de poder de Trump, y que nadie lo reconoce. Además, el escritor indica que la máxima expresión de inteligencia es la ironía.

“Siento que soy muy español porque me da pudor la bandera de España” / “La pluma sigue siendo una bofetada a la homofobia, por eso la defiendo” / “Me interesa mi lado femenino: ni siquiera quiero un pene más grande”. 

Boris Izaguirre tiene algo de gacela cuando pisa las alfombras del Hotel Urso: no camina, se desliza, y habla como el que ha entendido que el cóctel más chic, al final, es la vida. Le encanta estar invitado al espectáculo del mundo, por eso derrama gracia, anécdotas, coqueterías. Es un animal anfíbico, siempre entre la pasión del guardarropa y el hambre de biblioteca. Soñó con Truman Capote, soñó con Delibes, educó la dislexia y llegó a las orillas del Premio Planeta, en 2014, con Un jardín al norte.

Ahora ya no doma su torpeza: ha aprendido a canjearla en estilo. Dios nos libre de la gente sin estilo -escribía Manuel Vilas-, esa gente que envilece la enigmática gracia de estar vivo. Izaguirre regresa a la letra con Tiempo de tormentas, una novela autobiográfica donde desgaja "49 años de gran mariconería", como guiña él. Es un rosario de recuerdos que giran en torno a un árbol, a una raíz de amor milenario: su madre, Belén Lobo, una mujer insurgente y comprometida de la que tuvo que despedirse hace poco.

 

El niño venezolano con espíritu de histrión -que se hizo mayor entre atención e incomprensiones- ya se desnudó por norma en Crónicas Marcianas. Vuelve a hacerlo aquí, ahora hasta las vísceras, y en el género más extraterrestre que existe: la vida humana. 

Yo creo que tengo más lado femenino, afortunadamente. Me encantaría que cada varón explorara e investigara su lado femenino todos los días. Tengo un lema: todos tenemos que intentar todos los días ser un poquito menos machistas. Yo pienso que uno de los grandes descubrimientos de mi vida es no haber nunca negado espacio a mi lado femenino, porque en el fondo me hace un hombre mucho más interesante. Cumple con eso que yo siempre he querido desde muy niño, y es que mi diferencia realmente me acompañe y esté presente.

Eso lo consiguió mi mamá conmigo: me hizo ver siempre que lo más importante que yo tenía era mi diferencia, y nunca luchó contra eso, sino todo lo contrario, y tuvo que soportar muchas críticas y tuvo muchos conflictos laborales, personales, con gente de su edad, con gente que ella creía que pensaba como ella, pero luego no era así… ¿a mí, qué me interesaría tener de masculino? Cuanto más lo pienso, menos cosas masculinas hay que me llamen la atención. Me encantaría tener unos bonitos pectorales, un brazo bien desarrollado, por ejemplo, ¿entiendes? Pero no te creas, me interesa mi lado femenino: no quiero tener un pene más grande ni nada, estoy contento con lo que hay.

Lo femenino me llama más la atención, me parece más porvenir. Es un misterio que no deja de abrazarme y de seducirme. Es probable que por esa razón me gusten mujeres muy desarrolladas en su feminidad, eso lo reconozco: a veces quizá exagero un poco con eso. Es la relación que hay entre Boris y Belén [su madre] en el libro, que Belén siempre le dice: “Yo no soy una de esas princesas tuyas, no soy esa mujer”. Mi mamá, en efecto, no era esa mujer. Era pragmática, muy profesional, le había costado muchísimo defender ese oficio extraño y ambiguo de bailar… ella hizo grandes papeles clásicos pero también tuvo que recurrir a trabajos alimenticios, bailar de otra manera, es decir… yo creo que fue una mujer que realmente impuso su criterio a su familia, a sus hijos. Nosotros tuvimos que entender perfectamente que cuando ella no estaba, es que estaba trabajando.

13 años. Me violaron con 13 años. Entre tres personas... En mi país algunos amigos míos han pasado por situaciones semejantes, porque es como si el gay se lo mereciera. Violar al gay es como si fuera con su condición. Mi mamá no quería que esa violación avanzara aún más en mi sexualidad, en nuestra relación, en mi cabeza… y me exigió que yo no cambiara. Yo he utilizado momentos de esa secuencia en otros personajes de otras novelas mías. Es la primera vez que lo cuento en mi primera persona. Fue muy doloroso porque, una vez que pasó, yo nunca volví a ver a esa gente.

Es curioso, hubo unos días que fui a Venezuela en el 2016, y estaba con mi amigo Fran, y pasamos delante de esa casa… Yo le dije: “Fran, allí me violaron”. Y él me dijo: “¿Quieres que pare?”. Y le dije que no. Es verdad que he tenido cosas dentro mucho tiempo. Yo creo que no se trata de rendir cuentas, ni nada, ni de sumarse a ningún tipo de uso ni de hacer una confesión, pero yo creo que está perfectamente plasmado en el libro lo que significó para ellos dos, para los personajes de mi novela, para mi mamá y para mí en la vida real.

Con información de cnnespanol.cnn.com / elespanol.com

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