×

Advertencia

JFolder: :files: La ruta no es una carpeta. Ruta: /home/ocioltura/public_html/media/k2/galleries/des

×

Aviso

There was a problem rendering your image gallery. Please make sure that the folder you are using in the Simple Image Gallery Pro plugin tags exists and contains valid image files. The plugin could not locate the folder: media/k2/galleries/des

La difícil tarea de describir obras

La difícil tarea de describir obras

Escrito por  Lunes, 10 Agosto 2015 00:00

La descripción de los cuadros, de pinturas y mejor dicho de obras de arte conlleva un esfuerzo monumental, más para alguien como yo, ya que no cuento con una preparación académica ni rozando una nocturna. Solo puedo decir lo que siento, lo que sale de estas entrañas, que son creyentes de la cultura en general, pensando que deben de estar abiertas al público en general. Sabedor que tiene muchas connotaciones, pero no quiero caer en más choros personales, solo entrar directamente a lo que me truje:

He visto la Piedad de un Cristo y una Santísima Trinidad, que ponen al centro del lienzo a ese personaje polémico para pocos y bien amado para muchos; lo que aquí está presente en primera impresión es la religiosidad de la época, no sé si del pintor, que en ambos casos son creaciones que no tiene un reconocimiento, es decir son anónimos. Y los que tienen ese sentido de creencia, se sienten arrebatados, eufóricos de una pasión donadora, del ser supremo que es la representación máxima del sacrificio eterno; ese que se encuentra en muchas mitologías, en otras fés. Y sin importar si hay realidad en esos hechos, supuestos históricos, es increíble notar esos detalles, que ya rebasan la bondad, entremos a lo humano, a lo que somos y en lo que nos compone:

Espiritualidad con un rostro de sangre, con sufrimiento de entrega divina, pero también de sumisión a ese poder superior, que por un lado está un gigantismo, de hacernos ver que no somos nada como dice la canción, caras sombrías, serias hasta la saciedad y el enorme Dios que está sosteniendo a su perdido hijo, muestra  una melancolía que puede parecer infinita, pero en sus ojos se ve el enojo, la furia contenida que reprocha y quisiera fulminar a todos los espectadores que estamos viendo, curiosos de morbosidad. Pero lo que llama fuertemente la atención son los otros personajes, ninguno se atreve a ver a los ojos del torturado, quien sangra de la cabeza y del costado, gotas rojas que resbalan por su vientre, pero no mancha el inmaculado blanco de su calzón y no se rasga el telón de  su partes pudendas. Esta descripción corresponde a un cuadro titulado la Santísima Trinidad con san Andrés y san Babilés, que de autoría anónima, conocido solo como el aragonés.

Del otro vemos a Jesús Cristo, triste, sangrante, arrepentido en el fondo de haber cedido su vida a una legión de detractores, pero sabe que l plan entro en funcionamiento; mientras medita en su fuga de líquidos, dos ángeles o arcángeles lo custodian y más que piedad en esos ojos ensoñadores, se ve una envidia por no ser el elegido; solo se ve la mitad, parece que le han cercenado las piernas y más que eso, quizás, eso es lo que le preocupa, donde quedaron sus otras partes, eso es una crueldad  sin madre, pero cumple con su cometido, quien posa, ha hecho su cometido, hacerlo sufrir y que todos nos compadezcamos de él. De ahí su mote, El Cristo de la Piedad, anónimo valenciano.

Dos joyas, porque no incluyes solo la Fé, también te atrapan las características gore y los reproches que fulminan a quien se atreve a verlos, dos joyas del Museo Nacional de San Carlos, dos joyas de un posible medievo, un tiempo en que se sufría con la creencia, con la vida y con la fantasía…

{gallery}des{/gallery}{gallery}des{/gallery}

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza.