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Sábado, 27 Agosto 2016 20:53

La leyenda del Atoyac

Pa que no se nos olviden las historias que fueron construyendo una parte de la idiosincracia poblana...

Vamos por partes, Puebla es una ciudad antigua, hablando del virreinato, cerca de 500 años (recién se cumplieron 485 años) y se supone, que al ser una de esas metrópolis, llena de migraciones internas y externas. Lo que nos supone que por lo mismo, que historias hay un chingo,  de diferentes índoles y que (quizás) merezcan ser contadas.

Una de estas es la leyenda del Atoyac, donde se cuenta la historia de un señor de 50 años, don Basilio, junto con sus dos sobrinos, hallaron una hermosa laguna, de la cual nunca hubo una ubicación exacta, pero ésta contenía distintos especímenes marinos. Es con ellos, que se abre el misterio, ya que muchos de estos peces, formaban la palabra auxilio, de aquí se desprende la suposición de una alerta para el futuro del rio, del cual, como ya todos sabemos, fue entubado, contaminado y prácticamente, eliminado de la vida natural de Puebla (en el trecho de la ciudad).

Todo esto se ambienta en los finales del siglo XIX, cuando la mancha urbana empezaba a detonar hacia los distintos puntos cardinales y con la lógica, fueron apoderándose de todas esas zonas naturales y desmadrándolas sin ton ni son, todo por la codicia del hombre.

Pero analizando un poco la historia del señor Basilio, creo que hay cosas más profundas e inquietantes, así como más humanas y sin retoques de misterio. Simplemente vean las connotaciones pederastas o pedófilas, solo piensen un poco, se los dejo de tarea. Al menos la historia continua entre parte de la población y como sabemos, con el paso del tiempo, se va deformando de una forma u otra…

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Autor

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza.