Sábado, 09 Febrero 2019 16:44

Opinión es: El mito del super bowl y su uso por parte del gobierno gringo

el invidente zurdo Escrito por  en Opiniones
Opinión es: El mito del super bowl y su uso por parte del gobierno gringo

El izamiento de una efigie constitucional.

Antes que nada debo declararme como antiguo fan del futbol y el referido como futbol americano (ustedes perdonen la redundancia); tenía mis equipos favoritos como cualquier hijo de vecina. Me desgañitaba frente al televisor siguiendo los partidos donde ellos eran los protagonistas; casi me meaba de los nervios cuando veía que su ventaja en el marcador se iba esfumando; el ataque al corazón, en los últimos días, era inminente. Sufrir a lo pendejo.

Pero cuando vas creciendo, vas viendo que ciertas instituciones deportivas, las más populares, conseguían campeonatos de manera holgada pero con tufos, perdón enfatizo más ésta parte, con aires nauseabundos a porquería descarada de arreglos amañados; esto me fue retirando las ganas de seguir consumiendo esas lúdicas cadenas.

En México es más que sabido que una televisora maneja los hilos del futbol con anuencia y displicencia del gobierno federal, lo mismo va para los dueños de los otros equipos, que se hacen de la vista gorda para no perder su tajada de lana. No me extenderé en este asunto tan cacareado.

Lo mío va más para el deporte gringo, y creo que generalizo para todas las ligas del gabacho. Pero me enfocare en una en particular, el americano.

Acaba de realizarse un fraude más el domingo pasado (irónica coincidencia de día, hablando de nuestro lado con las elecciones); se ha erigido una figura legendaria, ejemplo de esfuerzo, anonimato y bella raza: Tom Brady, sin olvidar al más que enfático nombre del  equipo donde trabaja, los Patriotas.

Ambos surgieron cuando las autoridades gringas más necesitaban de credibilidad para con sus acciones bélicas, ambos son el símbolo de la cultura heroica y consumista que siempre han vendido a sus habitantes y éstos sigan ilusionados que pueden hacerse a sí mismos, make your self. Ambos son dinastías de raza blanca. No aleguemos que dentro de la plantilla, los jugadores de color oscuro son mayoría, eso nadie lo niega, es más, en la mayoría de sus ligas, las principales, béisbol, basquetbol y el football, son dominados por los atletas de esa raza, son la base y fuerza para conseguir sus blasones. Pero siempre es presentado un líder y con los avecindados en Boston siempre aparece el gallardo gladiador caucásico – anglosajón, con su deslumbrante sonrisa de comercial de pasta de dientes, el “talentoso” Tom. Los demás compañeros pasan a segundo plano, no es necesaria su presencia, sólo se necesita al inmaculado descendiente de puritanos.

No es difícil imaginar quien es el de los contratos millonarios, quien funge como publirrelacionista, a quien buscan desesperadas las cadenas televisoras. No es ningún secreto que Brady y el actual huésped de la Casa Blanca son amigos, al igual que el propietario de la franquicia, y aunque sus defensores, que aquí en México los hay por miles no entiendo por qué, más bien sí, no aceptan que la complicidad es más evidente que nunca. El del peluquín ha acudido a ellos, con la bendición de la NFL, para imponer el estereotipo de “ganador” acompañado de todas las características del gran hombre blanco. Obviamente aprovechándose de la urgencia de la White trash por tener presencia en las políticas públicas. La urgencia de enfatizar las raíces blancas de conquistadores, ya que se estaban viendo abrumados por el éxito de otras castas más coloridas.

Por eso sólo quieren ver al triunfador, encima de los descendientes de las clases proletariados, los rostros, a pesar de tener identidad, nombres que pueden tener influencia, son anónimos e intrascendentes para el público ávido de saber más de su paisano de mirada cautivadora. Que importa el pasado obrero y multifamiliar de los demás miembros del famoso roster, se convierte  un mero recurso para desviar la atención de algún desliz de la pomposa y rimbombante figura.

Por eso los últimos gobiernos, tanto demócratas como republicanos  han tenido sus bemoles para mantener su hegemonía económica y militar, por eso recurren al infalible holograma deportivo, donde se pone a reto las capacidades de los súper hombres anglosajones. De igual forma, ambos han caído en atolladeros cuando han visto que los enemigos les causan más problemas de los que ellos esperaban, hasta el paladín vanagloriado de la población negra, pero leal colaborador de los grandes poderes económicos, Obama.

Bush y Trump tienen sus fantasmas prefabricados, reforzados con atractivas consignas, lemas y propuestas electorales. Ambos, sin olvidar a Barack, han necesitado del deporte y sus héroes para calmar los ánimos de sus conciudadanos que se han caldeado por el incremento de impuestos, la falta de apoyo en programas sociales, la disimulada leva para sus nada disimuladas conquistas territoriales y toda falta de compromiso para cumplir sus promesas electorales y de gobierno (o no querido pato Donald, implorante de un muro).

Sólo vean lo estratégico de las ciudades ganadoras del mal llamado súper bowl: Boston (en ese sector celebran los aficionados de los patriotas), Filadelfia, cuna de la independencia gabacha; Nueva Orleans, que curiosamente no tenía mucho tiempo que había pasado la desgracia del huracán Katrina y el mal manejo por las entidades federales de emergencias; Baltimore, otra ciudad llena de orgullo independentista, Nueva York, qué decir de tan populosa urbe y sus paranoias que, de igual manera, un año después de los aparentes atentados contra las torres gemelas se coronan los patriotas (again), y un par de años posteriores vuelven a “ganar” espalda con espalda dos versiones más, justo cuando estaba en apogeo la justificación de las invasiones a medio oriente, derrocando a sus antiguos amigos y discípulos, Irak – Afganistán.

Podemos ver a las otras ciudades, Pittsburgh, Denver y Seattle, todas ellas tienen sus historias de debacles e irónicamente, factores y características de arenga nacionalista. Ahora se nota, con la última final de esa liga, el paralelismo de hace 17 años. Un presidente blanco, con una larga lista de “cualidades” negativas como xenofobia, misoginia y corrupción mobiliaria, con una imagen en descenso por parte de más del 50 % de la población, pero con una gran base de habitantes blancos que lo apoyan a muerte y que comulgan con su plan de echarle la culpa a los otros y no ver sus fallas.

Son demasiadas las coincidencias, popularidad hasta el suelo, crisis por el cierre del gobierno federal por un berrinche personal, campaña contra los inmigrantes colocándolos como los causantes de la falta de empleo para el norteamericano, confrontación contra activistas de color señalándolos como anti patriotas (¡bingo!), enemigo a muerte del movimiento #MeToo, ya ni se diga las marchas LGTB, promesas incumplidas con respecto al muro, amenazas de invasiones a otros países con sus respectivos despliegues militares que no son gratos ni para sus propios connacionales y así una larga lista que parece una copia al carbón con otras situaciones del pasado reciente.

En fin, el culto a la personalidad no se acaba, es más, respira con enjundia hedionda en el impecable físico del nuevo capitán América: Tom Brady… ¡Ah! No olvidemos al tramposo de su entrenador, con acusaciones severas y directas pero que no se han profundizado más allá de una mera pantalla de justicia a modo…

Artículo original Ocioltura, escrito por el deforme mental del Invidente Zurdo...

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