Debajo del Volcán, por Anthony Bourdain.

Debajo del Volcán, por Anthony Bourdain.

Escrito por  Domingo, 10 Junio 2018 20:15

Hace tiempo, el chef Bourdain tuvo a bien hacer una especie de ensayo, donde el tema central es nuestro país. Las ideas ahí expresadas tienen mucha relevancia, y no porque él haya muerto, sino porque es un argumento va acorde con la realidad y que el líder político de los gringos, hace toda una apología sobre lo poco cooperativo, en lo positivo, que somos; en cambio, despotrica sobre todos los males que hemos hecho a esa “sufrida nación”.

La potencia de sus expresiones escritas son realidad que muchos paisanos suyos piensan igual y de la misma forma, también hay la otra mitad que piensa igual a su presidente. Pero saben, creo que es más un mensaje para nosotros mismos, porque seguimos sin creernos la fuerza que poseemos, las cualidades que nos rodean y tenemos dentro de nuestro interior.

Es un discurso que nos describe en muchos sentidos, visto, obviamente, desde la perspectiva extranjera, de quien recorrió varios estados y escarbo en los orígenes mismos de la gastronomía y cultura. Pero el hecho de ser fuereño no le resta méritos a lo que hallo en la vida diaria de muchos mexicanos. Yo creo que muchos coinciden con el buen Tony, más con la división absurda de la que somos testigos, donde en algunos sectores de la sociedad se está llegando a convertir tragedia sangrienta.

En fin, las reflexiones emitidas por este servidor pueden pasar desapercibidas, pero las que debemos leer de vez en cuando son las que s iguen y que fueron hechas por las oscuras neuronas de Bourdain quien como muchos de esos tocados con genialidad, caen rendidos a las despedidas abruptas y autoinfligidas. Con ustedes, los vapores emanados del volcán:

 

Los estadounidenses aman la comida mexicana. Comemos nachos, tacos, burritos, tortas, enchiladas, tamales y cualquier cosa que se parezca a lo mexicano en enormes cantidades. Amamos las bebidas mexicanas, felizmente tomamos grandes cantidades de tequila, mezcal y cerveza mexicana cada año. Amamos a la gente mexicana —y seguro empleamos a muchos de ellos—. A pesar de nuestras actitudes ridículamente hipócritas hacia la inmigración, solicitamos que mexicanos cocinen un gran porcentaje de la comida que comemos, cultiven los ingredientes que necesitamos para cocinar, limpien nuestras casas, corten nuestro pasto, laven nuestros platos, cuiden a nuestros hijos. Como cualquier chef te diría, toda nuestra economía de servicios –el servicio restaurantero como lo conocemos—en la mayoría de las ciudades estadounidenses, se colapsaría en una noche sin los trabajadores mexicanos. A algunos, por supuesto, les gusta decir que los mexicanos "se están robando los trabajos de los americanos". Pero en dos décadas como chef y empleado, nunca he tenido UN SOLO niño estadounidense que entre por mi puerta y solicite un empleo como lavaplatos, como portero, o siquiera un trabajo como cocinero asistente. Los mexicanos hacen mucho el trabajo en este país que los estadounidenses, probablemente, simplemente no harían.

Amamos las drogas mexicanas. A lo mejor no tú personalmente, pero "nosotros", como nación, ciertamente consumimos cantidades titánicas de ellas –y vamos muy lejos con costos muy altos para conseguirlas. Amamos la música mexicana, las playas mexicanas, la arquitectura mexicana, el diseño de interiores, el cine mexicano.

Entonces, ¿por qué no amamos México?

Levantamos nuestras manos y nos estremecemos frente a lo que está pasando del otro lado de la frontera. A lo mejor estamos avergonzados. México, después de todo, siempre ha estado ahí para nosotros, para atender nuestras necesidades y deseos más oscuros. Ya sea para vestirnos como tontos y emborracharnos y asolearnos en Cancún durante las vacaciones de primavera, lanzarles pesos a las strippers en Tijuana, o pasarnos con las drogas mexicanas, pero rara vez nos comportamos bien en México. Nos han visto a muchos en nuestro peor estado. Conocen nuestros deseos más oscuros.

Al servicio de nuestros anhelos, gastamos billones y billones de dólares cada año en drogas mexicanas –mientras que al mismo tiempo gastamos billones y billones más, tratando de evitar que esas drogas nos lleguen. El efecto en nuestra sociedad está para ser visto en todas partes. Ya sean niños cabeceando por una sobredosis en la pequeña ciudad de Vermont, violencia de pandillas en L.A, barrios quemados en Detroit –está ahí para verse. Lo que no vemos, sin embargo, no nos hemos dado cuenta, y parece no importarnos realmente, es de las 80,000 muertes –en su mayoría de víctimas inocentes en México, solo en los últimos años. 80,000 muertos. 80,000 familias que han sido directamente afectadas por la tan aclamada "Guerra contra las drogas".

México. Nuestro hermano de otra madre. Un país, con quien, nos guste o no, estamos inexorablemente involucrados de manera profunda, en un fuerte pero incómodo abrazo. Véanlo. Es hermoso. Tiene unas de las playas más deslumbrantes en la tierra. Montañas, desiertos, junglas. Hermosa arquitectura colonial. Una trágica, elegante, violenta, ridícula, heroica, lamentable, desgarradora historia. El vino mexicano es rival de las preciosidades de la Toscana. Sus sitios arqueológicos –los vestigios de los grandes imperios, sin rivalidad en alguna parte. Y por más que creamos que lo conocemos y que lo amamos, apenas hemos tocado la superficie de lo que la comida mexicana es realmente. NO es queso derretido sobre un totopo. No es simple, no es fácil. De hecho, es antigua –más antigua que la grande cocina europea y a menudo profundamente compleja, refinada, sutil, y sofisticada. Un verdadero mole, por ejemplo, puede tomar DÍAS para hacerse, un balance entre los siempre frescos ingredientes, minuciosamente preparados a mano. Podría ser, debe ser, una de las cocinas más emocionantes en el planeta. Si ponemos atención. Los cocineros de la vieja escuela de Oaxaca hacen algunas de las salsas matizadas más difíciles en la gastronomía. Y algunos de la nueva generación, muchos de los que se han entrenado en cocinas de Estados Unidos y Europa han regresado a casa para llevar a la comida mexicana a nuevas y emocionantes alturas.

El texto es más largo, pero mejor búsquenlo, lo que dejamos es esencia de curiosidad y está en cada quien buscar y consumir ávidamente…

 

el invidente zurdo

No confianza, no placer, dudas, melancolía y nostalgia, lo que la mayoría de los humano es, yo soy. El que cree en todo y en nada, la aburrición del alma, de la mente y la vida. Nací en medio de unos que son masa, yo he crecido así, fusionando mis mentiras con la verdad que desnuda, pero pendejo no soy, ya que uso la máscara, la que cargan toda las mujeres, todos los hombres: los depredadores natos de la naturaleza. 

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